viernes, 3 de octubre de 2008

Roberto Artl:


Clarín, Sábado 01 de abril de 2000
CULTURA / ANIVERSARIO: CENTENARIO DEL AUTOR DE "LOS SIETE LOCOS"

Roberto Arlt: anatomía de un gran escritor argentino

Su viuda armó junto con Clarín el plano íntimo de este hombre "violento y tierno" que murió a los 42 años.

ALBERTO GONZALEZ TORO. De la Redacción de Clarín


Elisabeth Shine, viuda de Arlt, entrecierra sus ojos castaños, y se remonta en el tiempo: "Roberto era un hombre muy buen mozo. Se peinaba hacia atrás con gomina Brancato". A sus 88 años, la última mujer del autor de Los siete locos aún conserva rasgos de una belleza pasada. Lúcida, memoriosa, Elisabeth vive en un geriátrico de la calle Segurola, en Villa Devoto. "Era tierno y violento a la vez, como sus personajes. Toda su obra es una gran autobio grafía", reflexionó en el húmedo mediodía de ayer.

A cien años del nacimiento de Arlt, su viuda evoca el día en que se conocieron: Carmen Antinucci -la primera mujer del escritor- agonizaba en el hospital Tornú, enferma de tuberculosis. Elisabeth tenía 27 años y Roberto 39. Los dos trabajaban en la Editorial Haynes, en Río de Janeiro y Bogotá, Caballito. Arlt: periodista estrella del diario El Mundo; ella: secretaria de León Bouché, director de la revista El Hogar. "Roberto se hospedaba en una pensión que estaba a una cuadra del diario, y yo vivía en la calle Iberá, en Núñez. Entonces él decidió mudarse a una pensión de la calle Cabildo, a tres cuadras de mi casa", recuerda esta mujer, hija de un padre inglés y de una madre francesa.

"Le voy a revelar un secreto: el gran amor de Roberto no fui yo ni Carmen. Su gran pasión fue una chica pianista, Maruja Romero, la Irene de su novela El amor brujo". En el jardín del geriátrico, repleto de flores, una leve brisa agita el pelo de Elisabeth.

Arlt murió de un infarto un frío 26 de julio de 1942. Le había pedido a su esposa que lo cremasen. Sus cenizas fueron esparcidas sobre un río del Delta. En una de sus Aguafuertes Porteñas, Arlt había escrito: "Me he inscripto en la sociedad de cremaciones para que el día que yo muera el fuego me consuma y quede de mí, como único rastro de mi limpio paso sobre la tierra, unas puras cenizas".

La muerte lo había obsesionado siempre. En su primera novela, El juguete rabioso, Silvio Astier se tortura: "Algún día moriré y los trenes seguirán caminando, y la gente irá al teatro como siempre, y yo estaré muerto, bien muerto... muerto para toda la vida... í Ah, si se pudiera descubrir algo para no morir nunca, vivir aunque fueran quinientos años!".

"Cuando Roberto murió, vivíamos en una pensión de la calle Olazábal, en Belgrano. En sus bolsillos tenía setenta centavos, todo su capital. Después, junto a su hija Electra Mirtha, abrimos el cajón de su escritorio y encontramos un pagaré de quinientos pesos. El Círculo de la Prensa me ayudó a pagar esta deuda", dice Elisabeth.

Después de su muerte, Arlt fue olvidado. Sólo algunos compañeros de la redacción de El Mundo, o amigos como Leónidas Barletta, trataron de que su memoria perdurara. Recién casi una década más tarde, en 1950, un escritor y militante del Partido Comunista, Raúl Larra, editó la pimera biografía de Arlt, que pese a sus limitaciones fue el primer intento de comprender la torturada vida de su genio. En 1954, desde la revista Contorno, David Viñas y Juan José Sebreli -entre otros- pusieron sobre el tapete el nombre de ese hijo de inmigrantes que no alcanzó a ter minar la escuela primaria. En 1997, Viñas escribe: en la literatura argentina sólo hay "dos únicas figuras a las que se puede llamar geniales: Sarmiento y Arlt".

La reedición de sus obras, entre ellas las "Aguafuertes" que publicó en El Mun do, actualizaron al autor de Los lanzallamas. Empezaron a conocerlo, también, en el exterior: España, Italia, Francia, Rusia. Ahora se lo está traduciendo al portugués. "Es muy difícil traducirlo, es cierto. Su lunfardo de los años 20 y 30 resulta casi incomprensible aun para los jóvenes argentinos de hoy", opina Sylvia Saítta, doctora en Letras e investigadora del Conicet. Saítta ha escrito la última biografía de Arlt, editada por Sudamericana, que el lunes estará en las librerías.

Desesperado, Arlt afirmó una vez: "Creo que a nosotros nos ha tocado la horrible misión de asistir al crepúsculo de la piedad, y que no nos queda otro remedio que escribir deshechos de pena, para no salir a la calle a tirar bombas o a instalar prostíbulos".

Hijo de la triestina Catalina Iopztraibizer y del prusiano Karl Arlt, el escritor nació el 26 de abril de 1900 en el centro de Buenos Aires, en la entonces calle La Piedad (actual Bartolomé Mitre) al 600. Pero cuando el chico apenas tenía un año, sus padres se trasladaron al barrio de Flores, a la calle Méndez de Andés 2138. Arlt vivió aquí hasta los 16 años, cuando decidió abandonar su casa porque ya no toleraba la violencia casi sádica de su padre. Roberto tuvo una hermana, Lila, que murió a los 33 años, tuberculosa. "Siempre la recordaba con mucho afecto. Tenía una gran afinidad con ella", dice Shine."

Se han contado muchas mentiras sobre él, como ese cuento del piano que Roberto llevaba a las pensiones y por eso lo echaban. En realidad, lo único que hacía era aporrear el piano en el club que tenía Haynes. Roberto siempre tenía proyectos, pero los abandonaba enseguida. Salvo su entusiasmo por inventar medias eternas para las mujeres. Hasta unas horas antes de su muerte soñaba con este invento que, según él, lo iba a enriquecer".

Pesimista, sardónico, cínico, romántico, eterno buscador de la pureza, descreído del amor, Arlt afirmaba que había nacido el 7 de abril. Como tenía fe en los horóscopos, quería ser de Aries; detestaba el signo Tauro. "El era así", musita su viuda. Y acaricia con los ojos una rosa del jardín.


El hijo, entre libros y mapas


Tímido, introvertido, Roberto Arlt hijo cumplirá 58 años en octubre. Nació tres meses después de la muerte de su padre. Desde hace 27 años trabaja en una biblioteca municipal de Villa Devoto, frente a la plaza Arenales. Con extrema educación le dice al cronista: "Usted sabrá perdonarme pero yo nunca hablo sobre mi padre ni sobre su obra. A mí me gustan la arquitectura y la geografía". Arlt hijo es un hombre de baja estatura, grandes ojos celestes y un rostro en el que se pueden ver rasgos de su padre.

Su madre, Elisabeth Shine, ha contado que su hijo es un gran lector de las Aguafuertes Porteñas, "porque le apasionan las ciudades". El lo admite: "Conozco Montevideo, Río de Janeiro, y San Pablo. Me gusta ver las calles, la gente, los edificios". Desde hace cinco años, vive solo en un departamento de Flores. Visita a su madre tres veces por semana. Jamás se ve con Electra Mirtha Arlt, su hermanastra.

"Mirtha cobra las dos terceras partes de los derechos de autor; Elisabeth y su hijo reciben la otra parte. Nunca han tenido buena relación", cuenta el doctor José Ignacio García Hamilton, apoderado de la viuda de Arlt.

"A Electra -Elisabeth destaca el nombre con una sonrisa- le gusta mucho el dinero. Todo lo contrario de su padre. Así son las cosas".


Un donjuán torturado


"Pensó con tristeza que su voluntad había desaparecido para siempre. Irene continuaba viviendo en su imaginación. Despojada de toda apariencia terrestre, se manifestaba en el fondo de su pecho por una dulzura queda, semejante al debilísimo perfume de ciertas flores muertas." Así termina el capítulo II de El amor brujo, la novela donde Arlt relata su intensa relación con Maruja Romero, el gran amor de su vida.

Sus amigos dijeron siempre que Arlt tuvo un gran éxito con las mujeres. Pero es cierto, también, que sus relaciones fueron tensas, llenas de amor y odio, y que su búsqueda de la pureza absoluta naufragaba en "caminos largos y tenebrosos".

En la novela, el ingeniero Estanislao Balder abandona a Irene porque descubre que no es virgen. En la realidad, según contó Elisabeth a Clarín, el final fue muy trágico. "Pero no le voy a decir lo que me contó Roberto".

El político y escritor chileno Volodia Teitelboim, que conoció a Arlt en Santiago en 1940, recordó que una Nochebuena fue a dejar una carta en el correo, que está frente a la Plaza de Armas. Al volver, vio a un hombre sentado en un banco, que sollozaba con la cabeza entre las manos. Era Arlt. "Sufría por una mujer que había dejado en Buenos Aires".


Los pasos de Arlt


1900. Nació el 26 de abril de 1900 en la calle La Piedad (actual Bartolomé Mitre) al 600. Cerca de allí, está hoy la plaza Roberto Arlt.

1902. A los dos años la familia Arlt se mudó a una casa de Flores, en Méndez de Andes 2138. Hoy, tiene otros habitantes pero se conserva tal como era.

1906-1916. Cursó parte de la escuela primaria en un colegio ubicado en Paramaribo (actual Fragata Sarmiento) 610. A los 16 años, Roberto Arlt se fue de su casa.

1920. No pudo establecerse en qué pensiones de Buenos Aires vivió pobremente entre 1916 y 1920. Desde este año y hasta 1924, estuvo en Córdoba, donde hizo la conscripción en el Ejército. Allí se casó con Carmen Antinucci. Y en esa provincia nació su hija Mirtha, en 1924.

1924. Regresó a Buenos Aires. Compró un terreno en el barrio de Villa Devoto, pero por un tiempo volvió a vivir con sus padres, que para esa época tenían una casa en la calle Canalejas (hoy Felipe Vallese) 2137.

1926. Comenzó a frecuentar a los escritores del grupo de Boedo, como Leónidas Barletta y Elias Castelnuovo. En 1926, publicó El juguete rabioso.

1927. En 1927, ingresa a trabajar como periodista en el diario Crítica, cuya redacción estaba en Avenida de Mayo 1333. Entró como cronista de policiales.

1928. En 1928, comenzó a trabajar en el diario El Mundo, en Río de Janeiro y Bogotá. Allí escribe sus "Aguafuertes porteñas". Se hizo popular como periodista.

1929. En 1929, publicó Los siete locos. Fantástico, secretamente irónico, fue considerado un texto fundamental de la literatura argentina recién en los 50.

1940. En 1940 se casó con Elisabeth Shine. Ella era empleada de la editorial Haynes. A los pocos meses de la muerte del escritor, nacería su hijo, llamado como él.

1942. El 26 de julio de 1942 murió de un ataque al corazón en una pensión de Belgrano, en la calle Olazábal 2031. Su cadáver fue cremado y sus cenizas arrojadas en un río del Delta. Hacía tiempo que Arlt sufría de problemas coronarios, pero él no les daba importancia. Siguió fumando y tomando café en grandes cantidades. En cambio, casi no podía probar el alcohol porque le hacía muy mal. Solía sufrir de fuertes dolores de estómago. Pocas horas antes de su muerte había estado en el Círculo de la Prensa, donde se realizaban elecciones. Lo vieron de buen humor. Se despidió con una sonrisa.

Robeto Artl: Un Hombre Extraño


DE: Los siete locos


Un hombre extraño


A las diez de la mañana Erdosain llegó a Perú y Avenida de Mayo. Sabía que su problema no tenía otra solución que la cárcel, porque Barsut seguramente no le facilitaría el dinero. De pronto se sorprendió.

En la mesa de un café estaba el farmacéutico Ergueta.

Con el sombrero hundido hasta las orejas y las manos tocándose por los pulgares sobre el grueso vientre, cabeceaba con una expresión agria, abotagada, en su cara amarilla.

Lo vidrioso de sus ojos saltones, su gruesa nariz ganchuda, las mejillas fláccidas y el labio inferior casi colgando, le daban la apariencia de un cretino.

Enfundaba su macizo cuerpazo en un traje de color de canela y, a momentos, inclinado el rostro, apoyaba los dientes en el puño de marfil de su bastón.

Por ese desgano y la expresión canalla de su aburrimiento tenía el aspecto de un tratante de blancas. Inesperadamente sus ojos se encontraron con los de Erdosain, que iba a su encuentro, y el semblante del farmacéutico se iluminó con una sonrisa pueril. Aún sonreía cuando le estrechaba la mano a Erdosain, que pensó:

­ ¡Cuántas lo han querido por esa sonrisa! Involuntariamente, la primera pregunta de Erdosain fue: ­

Y, ¿te casaste con Hipólita? ­

Sí, pero no te imaginás el bochinche que se armó en casa...

­ ¿Qué..., supieron que era de la vida?

­ No... eso lo dijo ella después. ¿Vos sabés que Hipólita antes de hacer la calle trabajó de sirvienta?...

­ ¿Y? ­

Poco después que no casamos, fuimos mamá, yo, Hipólita y mi hermanita a lo de una familia. ¿Te das cuenta qué memoria la de esa gente? Después de diez años reconocieron a Hipólita que fue sirvienta de ellos. ¡Algo que no tiene nombre! Yo y ella nos vinimos por un camino y mamá y Juana por otro. Toda la historia que yo inventé para justificar mi casamiento se vino abajo.

­ ¿Y por qué confesó que fue prostituta? ­

Un momento de rabia. Pero, ¿no tenía razón? ¿No se había regenerado? ¿No me aguantaba a mí, a mí, que les he sacado canas verdes a ellos?

­ ¿Y cómo te va?

­ Muy bien... La farmacia da sesenta pesos diarios. En Pico no hay otro que conozca la Biblia como yo. Lo desafié al cura a una controversia y no quiso agarrar viaje. Erdosain miró repentinamente esperanzado a su extraño amigo. Luego le preguntó:

­ ¿Jugás siempre? ­

Sí, y Jesús, por mi mucha inocencia, me ha revelado el secreto de la ruleta.

­ ¿Qué es eso? ­

Vos no sabés... el gran secreto... una ley de sincronismo estático... ya fui dos veces a Montevideo y gané mucho dinero, pero esta noche salimos con Hipólita para hacer saltar la banca.

Y de pronto lanzó la embrollada explicación:

­ Mirá, le jugás hipotéticamente una cantidad a las tres primeras bolas, una a cada docena. Si no salen tres docenas distintas se produce ferozmente el desequilibrio. Marcás, entonces, con un punto la docena salida. Para las tres bolas que siguen quedará igual la docena que marcaste. Claro está que el cero no se cuenta y que jugás a las docenas en series de tres bolas. Aumentás entonces una unidad en la docena que no tiene alguna cruz, disminuís, en una, quiero decir, en dos unidades la docena que tiene tres cruces, y esta sola base te permite deducir la unidad menor que las mayores y se juega la diferencia a la docena o las docenas que resulten. Erdosain no había entendido. Contenía su deseo de reír a medida que su esperanza crecía, pues era indudable que Ergueta estaba loco. Por eso replicó: ­ Jesús sabe revelar esos secretos a los que tienen el alma llena de santidad.

­ Y también a los idiotas ­arguyó Ergueta, clavando en él una mirada burlona, a medida que guiñaba el párpado izquierdo­. Desde que yo me ocupo de esas cosas misteriosas he hecho macanas grandes como casas, por ejemplo, casarme con esa atorranta...

­ ¿Y sos feliz con ella?

­ ... creer en la bondad de la gente, cuando todo el mundo lo que tira es a hundirlo a uno y hacerle fama de loco...

Erdosain, impaciente, frunció el ceño; luego:

­ ¿Cómo no querés que te tengan por loco? Vos fuiste, según tus propias palabras, un gran pecador. Y de pronto te convertís, te casás con una prostituta porque eso está escrito en la Biblia, le hablás a la gente del cuarto sello y del caballo amarillo... claro... la gente tiene que creer que estás loco, porque esas cosas no las conoce ni por las tapas. ¿A mí no me tienen también por loco porque he dicho que habría que instalar una tintorería para perros y metalizar los puños de las camisas?... Pero yo no creo que estés loco. No, no lo creo. Lo que hay en vos es un exceso de vida, de caridad y de amor al prójimo. Ahora, eso de que Jesús te haya revelado el secreto de la ruleta me parece medio absurdo...

­ Cinco mil pesos gané en las dos veces...

­ Pongamos que sea cierto. Pero lo que te salva a vos no es el secreto de la ruleta, si no el hecho de tener una hermosa alma. Sos capaz de hacer el bien, de emocionarte ante un hombre que está a las puertas de la cárcel... ­

Eso sí que es verdad ­interrumpió Ergueta­. Fijate que hay otro farmacéutico en el pueblo que es un tacaño viejo. El hijo le robó cinco mil pesos... y después vino a pedirme un consejo. ¿Sabés lo que le aconsejé yo? Que lo amenazara al padre con hacerlo meter preso por vender cocaína si lo denunciaba.

¿Ves cómo te comprendo yo? Vos querías salvar el alma del viejo haciéndole cometer un pecado al hijo, pecado del que éste se arrepentirá toda la vida. ¿No es así? ­ Sí, en la biblia está escrito: "Y el padre se levantará contra el hijo y el hijo contra el padre"... ­

¿Ves? Yo te entiendo a vos. No sé para lo que estás predestinado... El destino de los hombres es siempre incierto. Pero creo que tenés por delante un camino magnífico. ¿Sabés? Un camino raro...

­ Seré el Rey del Mundo. ¿Te das cuenta? Ganaré en todas las ruletas el dinero que quiera. Iré a Palestina, a Jerusalén y reedificaré el gran templo de Salomón... ­

Y salvarás de angustia a mucha gente buena. ¡Cuántos hay que por necesidad defraudaron a sus patrones, robaron dinero que les estaba confiado! ¿Sabés? La angustia... Un tipo angustiado no sabe lo que hace... Hoy roba un peso, mañana cinco, pasado veinte y cuando se acuerda debe cientos de pesos. Y el hombre piensa. Es poco... y de pronto se encuentra con que han desaparecido quinientos, no, seiscientos pesos con siete centavos. ¿Te das cuenta? Ésa es la gente que hay que salvar..., a los angustiados, a los fraudulentos.

El farmacéutico meditó un instante. Una expresión grave se disolvió en la superficie de su semblante abotagado; luego, calmosamente, agregó: ­

Tenés razón... el mundo está lleno de turros, de infelices... pero ¿cómo remediarlo? Esto es lo que a mí me preocupa. ¿De qué forma presentarle nuevamente las verdades sagradas a esa gente que no tiene fe? ­

Pero si la gente lo que necesita es plata... no sagradas verdades. ­

No, es que eso pasa por el olvido de las Escrituras. Un hombre que lleva en sí las sagradas verdades no lo roba a su patrón, no defrauda a la compañía en que trabaja, no se coloca en situación de ir a la cárcel del hoy al mañana.

Luego se rascó pensativamente la nariz y continuó: ­

Además, ¿quién no te dice que eso no sea para bien? ¿Quiénes van a hacer la revolución social, si no los estafadores, los desdichados, los asesinos, los fraudulentos, toda la canalla que sufre abajo sin esperanza alguna? ¿O te creés que la revolución la van a hacer los cagatintas y los tenderos?

­ De acuerdo, de acuerdo... pero, en tanto llega la revolución social, ¿qué hace ese desdichado? ¿Qué hago yo?

Y Erdosain, tomándolo del brazo a Ergueta, exclamó:

­ Porque yo estoy a un paso de la cárcel, ¿sabés? He robado seiscientos pesos con siete centavos.

El farmacéutico guiñó lentamente el párpado izquierdo y luego dijo:

­ No te aflijás. Los tiempos de tribulación de que hablan las Escrituras han llegado. ¿No me he casado ya con la Coja, con la Ramera? ¿No se ha levantado el hijo contra el padre y el padre contra el hijo? La revolución está más cerca de lo que la desean los hombres. ¿No sos vos el fraudulento y el lobo que diezma el rebaño...? ­

Pero, decime, ¿vos no podés prestarme esos seiscientos pesos?

El otro movió lentamente la cabeza: ­

¿Te pensás que porque leo la Biblia soy un otario?

Erdosain lo miró desesperado: ­

Te juro que los debo.

De pronto ocurrió algo inesperado.

El farmacéutico se levantó, extendió el brazo y haciendo chasquear la yema de los dedos, exclamó ante el mozo del café que miraba asombrado la escena: ­

Rajá, turrito, rajá.

Erdosain, rojo de vergüenza, se alejó. Cuando en la esquina volvió la cabeza, vió que Ergueta movía los brazos hablando con el camarero.

Pablo Neruda: "El Libro de las Preguntas" ( 2 )

38.
No crees que vive la muerte dentro del sol de una cereza?
No puede matarte también un beso de la primavera?
Crees que el luto te adelanta la bandera de tu destino?
Y encuentras en la calavera tu estirpe a hueso condenada?

39.
No sientes también el peligro en la carcajada del mar?
No ves en la seda sangrienta de la amapola una amenaza?
No ves que florece el manzano para morir en la manzana?
No lloras rodeado de risa con las botellas del olvido?

40.
A quién el cóndor andrajoso da cuenta de su cometido?
Cómo se llama la tristeza en una oveja solitaria?
Y qué pasa en el palomar si aprenden canto las palomas?
Si las moscas fabrican miel ofenderán a las abejas?

41.
Cuánto dura un rinoceronte después de ser enternecido?
Qué cuentan de nuevo las hojas de la reciente primavera?
Las hojas viven en invierno en secreto, con las raíces?
Qué aprendió el árbol de la tierra para conversar con el cielo?

42.
Sufre más el que espera siempre que aquel que nunca esperó a nadie?
Dónde termina el arco iris, en tu alma o en el horizonte?
Tal vez una estrella invisible será el cielo de los suicidas?
Dónde están las viñas de hierro de donde cae el meteoro?

43.
Quién era aquella que te amó en el sueño, cuando dormías?
Dónde van las cosas del sueño? Se van al sueño de los otros?
Y el padre que vive en los sueños vuelve a morir cuando despiertas?
Florecen las plantas del sueño y maduran sus graves frutos?

44.
Dónde está el niño que yo fui, sigue adentro de mí o se fue?
Sabe que no lo quise nunca y que tampoco me quería?
Por qué anduvimos tanto tiempo creciendo para separarnos?
Por qué no morimos los dos cuando mi infancia se murió?
Y si el alma se me cayó por qué me sigue el esqueleto?

45.
El amarillo de los bosques es el mismo del año ayer?
Y se repite el vuelo negro de la tenaz ave marina?
Y donde termina el espacio se llama muerte o infinito?
Qué pesan más en la cintura, los dolores o los recuerdos?

46.
Y cómo se llama ese mes que está entre Diciembre y Enero?
Con qué derecho numeraron las doce uvas del racimo?
Por qué no nos dieron extensos meses que duren todo el año?
No te engañó la primavera con besos que no florecieron?

47.
Oyes en medio del otoño detonaciones amarillas?
Por qué razón o sinrazón llora la lluvia su alegría?
Qué pájaros dictan el orden de la bandada cuando vuela?
De qué suspende el picaflor su simetría deslumbrante?

48.
Son los senos de las sirenas las redondescas caracolas?
O son olas petrificadas o juego inmóvil de la espuma?
No se ha incendiado la pradera con las luciérnagas salvajes?
Los peluqueros del otoño despeinaron los crisantemos?

49.
Cuando veo de nuevo el mar el mar me ha visto o no me ha visto?
Por qué me preguntan las olas lo mismo que yo les pregunto?
Y por qué golpean la roca con tanto entusiasmo perdido?
No se cansan de repetir su declaración a la arena?

50.
Quién puede convencer al mar para que sea razonable?
De qué le sirve demoler ámbar azul, granito verde?
Y para qué tantas arrugas y tanto agujero en la roca?
Yo llegué de detrás del mar y dónde voy cuando me ataja?
Por qué me he cerrado el camino cayendo en la trampa del mar?

51.
Por qué detesto las ciudades con olor a mujer y orina?
No es la ciudad el gran océano de los colchones que palpitan?
La oceanía de los aires no tiene islas y palmeras?
Por qué volví a la indiferencia del océano desmedido?

52.
Cuánto medía el pulpo negro que oscureció la paz del día?
Eran de hierro sus ramales y de fuego muerto sus ojos?
Y la ballena tricolor por qué me atajó en el camino?

53.
Quién devoró frente a mis ojos un tiburón lleno de pústulas?
Tenía la culpa el escualo o los peces ensangrentados?
Es el orden o la batalla este quebranto sucesivo?

54.
Es verdad que las golondrinas van a establecerse en la luna?
Se llevarán la primavera sacándola de las cornisas?
Se alejarán en el otoño las golondrinas de la luna?
Buscarán muestras de bismuto a picotazos en el cielo?
Y a los balcones volverán espolvoreadas de ceniza?

55.
Por qué no mandan a los topos y a las tortugas a la luna?
Los animales ingenieros de cavidades y ranuras
no podrían hacerse cargo de estas lejanas inspecciones?

56.
No crees que los dromedarios preservan luna en sus jorobas?
No la siembran en los desiertos con persistencia clandestina?
Y no estará prestado el mar por un corto tiempo a la tierra?
No tendremos que devolverlo con sus mareas a la luna?

57.
No será bueno prohibir los besos interplanetarios?
Por qué no analizar las cosas antes de habilitar planetas?
Y por qué no el ornitorrinco con su espacial indumentaria?
Las herraduras no se hicieron para caballos de la luna?

58.
Y qué palpitaba en la noche? Eran planetas o herraduras?
Debo escoger esta mañana entre el mar desnudo y el cielo?
Y por qué el cielo está vestido tan temprano con sus neblinas?
Qué me esperaba en Isla Negra? La verdad verde o el decoro?

59.
Por qué no nací misterioso? Por qué crecí sin compañía?
Quién me mandó desvencijar las puertas de mi propio orgullo?
Y quién salió a vivir por mí cuando dormía o enfermaba?
Qué bandera se desplegó allí donde no me olvidaron?

60.
Y qué importancia tengo yo en el tribunal del olvido?
Cuál es la representación del resultado venidero?
Es la semilla cereal con su multitud amarilla?
O es el corazón huesudo el delegado del durazno?

61.
La gota viva del azogue corre hacia abajo o hacia siempre?
Mi poesía desdichada mirará con los ojos míos?
Tendré mi olor y mis dolores cuando yo duerma destruido?

62.
Qué significa persistir en el callejón de la muerte?
En el desierto de la sal cómo se puede florecer?
En el mar del no pasa nada hay vestido para morir?
Cuando ya se fueron los huesos quién vive en el polvo final?

63.
Cómo se acuerda con los pájaros la traducción de sus idiomas?
Cómo le digo a la tortuga que yo le gano en lentitud?
Cómo le pregunto a la pulga las cifras de su campeonato?
Y a los claveles qué les digo agradeciendo su fragancia?

64.
Por qué mi ropa desteñida se agita como una bandera?
Soy un malvado alguna vez o todas las veces soy bueno?
Es que se aprende la bondad o la máscara de la bondad?
No es blanco el rosal del malvado y negras las flores del bien?
Quién da los nombres y los números al inocente innumerable?

65.
Brilla la gota de metal como una sílaba en mi canto?
Y no se arrastra una palabra a veces como una serpiente?
No crepitó en tu corazón un nombre como una naranja?
De qué río salen los peces? De la palabra platería?
Y no naufragan los veleros por un exceso de vocales?

66.
Echan humo, fuego y vapor las o de las locomotoras?
En qué idioma cae la lluvia sobre ciudades dolorosas?
Qué suaves sílabas repite el aire del alba marina?
Hay una estrella más abierta que la palabra amapola?
Hay dos colmillos más agudos que las sílabas de chacal?

67.
Puedes amarme, silabaria, y darme un beso sustantivo?
Un diccionario es un sepulcro o es un panal de miel cerrado?
En qué ventana me quedé mirando el tiempo sepultado?
O lo que miro desde lejos es lo que no he vivido aún?

68.
Cuándo lee la mariposa lo que vuela escrito en sus alas?
Qué letras conoce la abeja para saber su itinerario?
Y con qué cifras va restando la hormiga sus soldados muertos?
Cómo se llaman los ciclones cuando no tienen movimiento?

69.
Caen pensamientos de amor en los volcanes extinguidos?
Es un cráter una venganza o es un castigo de la tierra?
Con qué estrellas siguen hablando los ríos que no desembocan?

70.
Cuál es el trabajo forzado de Hitler en el infierno?
Pinta paredes o cadáveres? Olfatea el gas de sus muertos?
Le dan a comer las cenizas de tantos niños calcinados?
O le han dado desde su muerte de beber sangre en un embudo?
O le martillan en la boca los arrancados dientes de oro?

71.
O le acuestan para dormir sobre sus alambres de púas?
O le están tatuando la piel para lámparas del infierno?
O lo muerden sin compasión los negros mastines del fuego?
O debe de noche y de día viajar sin tregua con sus presos?
O debe morir sin morir eternamente bajo el gas?

72.
Si todos los ríos son dulces de dónde saca sal el mar?
Cómo saben las estaciones que deben cambiar de camisa?
Por qué tan lentas en invierno y tan palpitantes después?
Y cómo saben las raíces que deben subir a la luz?
Y luego saludar al aire con tantas flores y colores?
Siempre es la misma primavera la que repite su papel?

73.
Quién trabaja más en la tierra, el hombre o el sol cereal?
Entre el abeto y la amapola a quién la tierra quiere más?
Entre las orquídeas y el trigo para cuál es la preferencia?
Por qué tanto lujo a una flor y un oro sucio para el trigo?
Entra el Otoño legalmente o es una estación clandestina?

74.
Por qué se queda en los ramajes hasta que las hojas se caen?
Y dónde se quedan colgados sus pantalones amarillos?
Verdad que parece esperar el Otoño que pase algo?
Tal vez el temblor de una hoja o el tránsito del universo?
Hay un imán bajo la tierra, imán hermano del Otoño?
Cuándo se dicta bajo tierra la designación de la rosa?

Esta obra fue escrita por Pablo Neruda
Publicada póstumamente
© 1974 Pablo Neruda y Herederos de Pablo Neruda

Pablo Neruda: "El Libro de las Preguntas" ( 1 )

Indice

1. Por qué los inmensos aviones
2. Si he muerto y no me he dado cuenta
3. Dime, la rosa está desnuda
4. Cuántas iglesias tiene el cielo?
5. Qué guardas bajo tu joroba?
6. Por qué el sombrero de la noche
7. Es paz la paz de la paloma?
8. Qué cosa irrita a los volcanes
9. Es este mismo el sol de ayer
10. Qué pensarán de mi sombrero,
11. Hasta cuándo hablan los demás
12. Y a quién le sonríe el arroz
13. Es verdad que sólo en Australia
14. Y qué dijeron los rubíes
15. Pero es verdad que se prepara
16. Trabajan la sal y el azúcar
17. Te has dado cuenta que el Otoño
18. Cómo conocieron las uvas
19. Han contado el oro que tiene
20. Es verdad que el ámbar contiene
21. Y cuando se fundó la luz
22. Amor, amor aquel y aquella,
23. Se convierte en pez volador
24. El 4 es 4 para todos?
25. Por qué para esperar la nieve
26. Aquel solemne Senador
27. Murieron tal vez de vergüenza
28. Por qué no recuerdan los viejos
29. Qué distancia en metros redondos
30. Cuando escribió su libro azul
31. A quién le puedo preguntar
32. Hay algo más tonto en la vida
33. Y por qué el sol es tan mal amigo
34. Con las virtudes que olvidé
35. No será nuestra vida un túnel
36. No será la muerte por fin
37. De tus cenizas nacerán
38. No crees que vive la muerte
39. No sientes también el peligro
40. A quién el cóndor andrajoso
41. Cuánto dura un rinoceronte
42. Sufre más el que espera siempre
43. Quién era aquella que te amó
44. Dónde está el niño que yo fui,
45. El amarillo de los bosques
46. Y cómo se llama ese mes
47. Oyes en medio del otoño
48. Son los senos de las sirenas
49. Cuando veo de nuevo el mar
50. Quién puede convencer al mar
51. Por qué detesto las ciudades
52. Cuánto medía el pulpo negro
53. Quién devoró frente a mis ojos
54. Es verdad que las golondrinas
55. Por qué no mandan a los topos
56. No crees que los dromedarios
57. No será bueno prohibir
58. Y qué palpitaba en la noche?
59. Por qué no nací misterioso?
60. Y qué importancia tengo yo
61. La gota viva del azogue
62. Qué significa persistir
63. Cómo se acuerda con los pájaros
64. Por qué mi ropa desteñida
65. Brilla la gota de metal
66. Echan humo, fuego y vapor
67. Puedes amarme, silabaria,
68. Cuándo lee la mariposa
69. Caen pensamientos de amor
70. Cuál es el trabajo forzado
71. O le acuestan para dormir
72. Si todos los ríos son dulces
73. Quién trabaja más en la tierra,
74. Por qué se queda en los ramajes


EL LIBRO DE LAS PREGUNTAS

1.
Por qué los inmensos aviones
no se pasean con sus hijos?

Cuál es el pájaro amarillo
que llena el nido de limones?

Por qué no enseñan a sacar
miel del sol a los helicópteros?

Dónde dejó la luna llena
su saco nocturno de harina?

2.
Si he muerto y no me he dado cuenta
a quién le pregunto la hora?

De dónde saca tantas hojas
la primavera de Francia?

Dónde puede vivir un ciego
a quien persiguen las abejas?

Si se termina el amarillo
con qué vamos a hacer el pan?

3.
Dime, la rosa está desnuda
o sólo tiene ese vestido?

Por qué los árboles esconden
el esplendor de sus raíces?

Quién oye los remordimientos
del automóvil criminal?

Hay algo más triste en el mundo
que un tren inmóvil en la lluvia?

4.
Cuántas iglesias tiene el cielo?

Por qué no ataca el tiburón
a las impávidas sirenas?

Conversa el humo con las nubes?

Es verdad que las esperanzas
deben regarse con rocío?

5.
Qué guardas bajo tu joroba?
dijo un camello a una tortuga.

Y la tortuga preguntó:
Qué conversas con las naranjas?

Tiene más hojas un peral
que Buscando el Tiempo Perdido?

Por qué se suicidan las hojas
cuando se sienten amarillas?

6.
Por qué el sombrero de la noche
vuela con tantos agujeros?

Qué dice la vieja ceniza
cuando camina junto al fuego?

Por qué lloran tanto las nubes
y cada vez son más alegres?

Para quién arden los pistilos
del sol en sombra del eclipse?

Cuántas abejas tiene el día?

7.
Es paz la paz de la paloma?
El leopardo hace la guerra?

Por qué enseña el profesor
la geografía de la muerte?

Qué pasa con las golondrinas
que llegan tarde al colegio?

Es verdad que reparten cartas
transparentes, por todo el cielo?

8.
Qué cosa irrita a los volcanes
que escupen fuego, frío y furia?

Por qué Cristóbal Colón
no pudo descubrir a España?

Cuántas preguntas tiene un gato?

Las lágrimas que no se lloran
esperan en pequeños lagos?

O serán ríos invisibles
que corren hacia la tristeza?

9.
Es este mismo el sol de ayer
o es otro el fuego de su fuego?

Cómo agradecer a las nubes
esa abundancia fugitiva?

De dónde viene el nubarrón
con sus sacos negros de llanto?

Dónde están los nombres aquellos
dulces como tortas de antaño?

Dónde se fueron las Donaldas,
las Clorindas, las Eduvigis?

10.
Qué pensarán de mi sombrero,
en cien años más, los polacos?

Qué dirán de mi poesía
los que no tocaron mi sangre?

Cómo se mide la espuma
que resbala de la cerveza?

Qué hace una mosca encarcelada
en un soneto de Petrarca?

11.
Hasta cuándo hablan los demás
si ya hemos hablado nosotros?

Qué diría José Martí
del pedagogo Marinello?

Cuántos años tiene Noviembre?

Qué sigue pagando el Otoño
con tanto dinero amarillo?

Cómo se llama ese cocktail
que mezcla vodka con relámpagos?

12.
Y a quién le sonríe el arroz
con infinitos dientes blancos?

Por qué en las épocas oscuras
se escribe con tinta invisible?

Sabe la bella de Caracas
cuántas faldas tiene la rosa?

Por qué me pican las pulgas
y los sargentos literarios?

13.
Es verdad que sólo en Australia
hay cocodrilos voluptuosos?

Cómo se reparten el sol
en el naranjo las naranjas?

Venía de una boca amarga
la dentadura de la sal?

Es verdad que vuela de noche
sobre mi patria un cóndor negro?

14.
Y qué dijeron los rubíes
ante el jugo de las granadas?

Pero por qué no se convence
el Jueves de ir después del Viernes?

Quiénes gritaron de alegría
cuando nació el color azul?

Por qué se entristece la tierra
cuando aparecen las violetas?

15.
Pero es verdad que se prepara
la insurrección de los chalecos?

Por qué otra vez la Primavera
ofrece sus vestidos verdes?

Por qué ríe la agricultura
del llanto pálido del cielo?

Cómo logró su libertad
la bicicleta abandonada?

16.
Trabajan la sal y el azúcar
construyendo una torre blanca?

Es verdad que en el hormiguero
los sueños son obligatorios?

Sabes qué meditaciones
rumia la tierra en el otoño?

(Por qué no dar una medalla
a la primera hoja de oro?)

17.
Te has dado cuenta que el Otoño
es como una vaca amarilla?

Y cómo la bestia otoñal
es luego un oscuro esqueleto?

Y cómo el invierno acumula
tantos azules lineales?

Y quién pidió a la Primavera
su monarquía transparente?

18.
Cómo conocieron las uvas
la propaganda del racimo?

Y sabes lo que es más difícil
entre granar y desgranar?

Es malo vivir sin infierno:
no podemos reconstruirlo?

Y colocar al triste Nixon
con el traste sobre el brasero?

Quemándolo a fuego pausado
con napalm norteamericano?

19.
Han contado el oro que tiene
el territorio del maíz?

Sabes que es verde la neblina
a mediodía, en Patagonia?

Quién canta en el fondo del agua
en la laguna abandonada?

De qué ríe la sandía
cuando la están asesinando?

20.
Es verdad que el ámbar contiene
las lágrimas de las sirenas?

Cómo se llama una flor
que vuela de pájaro en pájaro?

No es mejor nunca que tarde?

Y por qué el queso se dispuso
a ejercer proezas en Francia?

21.
Y cuando se fundó la luz
esto sucedió en Venezuela?

Dónde está el centro del mar?
Por qué no van allí las olas?

Es cierto que aquel meteoro
fue una paloma de amatista?

Puedo preguntar a mi libro
si es verdad que yo lo escribí?

22.
Amor, amor aquel y aquella,
si ya no son, dónde se fueron?

Ayer, ayer dije a mis ojos
cuándo volveremos a vernos?

Y cuando se muda el paisaje
son tus manos o son tus guantes?

Cuando canta el azul del agua
cómo huele el rumor del cielo?

23.
Se convierte en pez volador
si transmigra la mariposa?

Entonces no era verdad
que vivía Dios en la luna?

De qué color es el olor
del llanto azul de las violetas?

Cuántas semanas tiene un día
y cuántos años tiene un mes?

24.
El 4 es 4 para todos?
Son todos los sietes iguales?

Cuando el preso piensa en la luz
es la misma que te ilumina?

Has pensado de qué color
es el Abril de los enfermos?

Qué monarquía occidental
se embandera con amapolas?

25.
Por qué para esperar la nieve
se ha desvestido la arboleda?

Y cómo saber cual es Dios
entre los Dioses de Calcuta?

Por qué viven tan harapientos
todos los gusanos de seda?

Por qué es tan dura la dulzura
del corazón de la cereza?

Es porque tiene que morir
o porque tiene que seguir?

26.
Aquel solemne Senador
que me atribuía un castillo

devoró ya con su sobrino
la torta del asesinato?

A quién engaña la magnolia
con su fragancia de limones?

Dónde deja el puñal el águila
cuando se acuesta en una nube?

27.
Murieron tal vez de vergüenza
estos trenes que se extraviaron?

Quién ha visto nunca el acíbar?

Dónde se plantaron los ojos
del camarada Paul Éluard?

Hay sitio para unas espinas?
le preguntaron al rosal.

28.
Por qué no recuerdan los viejos
las deudas ni las quemaduras?

Era verdad aquel aroma
de la doncella sorprendida?

Por qué los pobres no comprenden
apenas dejan de ser pobres?

Dónde encontrar una campana
que suene adentro de tus sueños?

29.
Qué distancia en metros redondos
hay entre el sol y las naranjas?

Quién despierta al sol cuando duerme
sobre su cama abrasadora?

Canta la tierra como un grillo
entre la música celeste?

Verdad que es ancha la tristeza,
delgada la melancolía?

30.
Cuando escribió su libro azul
Rubén Darío no era verde?

No era escarlata Rimbaud,
Góngora de color violeta?

Y Victor Hugo tricolor?
Y yo a listones amarillos?

Se juntan todos los recuerdos
de los pobres de las aldeas?

Y en una caja mineral
guardaron sus sueños los ricos?

31.
A quién le puedo preguntar
qué vine a hacer en este mundo?

Por qué me muevo sin querer,
por qué no puedo estar inmóvil?

Por qué voy rodando sin ruedas,
volando sin alas ni plumas,

y qué me dio por transmigrar
si viven en Chile mis huesos?

32.
Hay algo más tonto en la vida
que llamarse Pablo Neruda?

Hay en el cielo de Colombia
un coleccionista de nubes?

Por qué siempre se hacen en Londres
los congresos de los paraguas?

Sangre color de amaranto
tenía la reina de Saba?

Cuando lloraba Baudelaire
lloraba con lágrimas negras?

33.
Y por qué el sol es tan mal amigo
del caminante en el desierto?

Y por qué el sol es tan simpático
en el jardín del hospital?

Son pájaros o son peces
en estas redes de la luna?

Fue adonde a mí me perdieron
que logré por fin encontrarme?

34.
Con las virtudes que olvidé
me puedo hacer un traje nuevo?

Por qué los ríos mejores
se fueron a correr en Francia?

Por qué no amanece en Bolivia
desde la noche de Guevara?

Y busca allí a los asesinos
su corazón asesinado?

Tienen primero gusto a lágrimas
las uvas negras del desierto?

35.
No será nuestra vida un túnel
entre dos vagas claridades?

O no será una claridad
entre dos triángulos oscuros?

O no será la vida un pez
preparado para ser pájaro?

La muerte será de no ser
o de sustancias peligrosas?

36.
No será la muerte por fin
una cocina interminable?

Qué harán tus huesos disgregados,
buscarán otra vez tu forma?

Se fundirá tu destrucción
en otra voz y en otra luz?

Formarán parte tus gusanos
de perros o de mariposas?

37.
De tus cenizas nacerán
checoeslovacos o tortugas?

Tu boca besará claveles
con otros labios venideros?

Pero sabes de dónde viene
la muerte, de arriba o de abajo?

De los microbios o los muros,
de las guerras o del invierno?